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domingo, 13 de marzo de 2016

Iron Maiden en el Kempes: 20 mil hermanos de sangre

(Por Germán Arrascaeta) Los británicos brindaron un contundente concierto en Córdoba, ante una multitud que desde temprano se apropió del estadio cordobés. Crónica de una noche histórica e imperdible galería de fotos.

Ayer se les heló la sangre, pero hoy les hirvió. Así puede describirse el ritmo de los músculos cardíacos de los fans de Iron Maiden, quienes pasaron de la incertidumbre tras ver en sus teléfonos celulares al avión Ed Force One seriamente dañado y varado en Chile, al éxtasis por disfrutar de un concierto histórico como el que ofreció en el Estadio Mario Alberto Kempes, ante unas 20 mil personas.
Es que no fue sencillo poner en escena a este emblema del heavy metal tras el sonado incidente aeroportuario. Si bien el personal tomó la alternativa lógica de un vuelo regular, todo el equipamiento que traía el Boeing 747 tuvo que transportarse por tierra, lo que demoró los tiempos de puesta a punto. Pero a decir verdad, poco se notó con Maiden escena, que tuvo a Bruce Dickinson (voz), Steve Harris (bajo), Adrian Smith (guitarra), Dave Murray (guitarra), Janick Gers (guitarra) y Nico McBrain (batería) con una actitud muy consustanciada, como si quisieran probar que pueden reponerse ante cualquier adversidad. O que nada puede parar al género-cultura del que son emblema.
El show comenzó con puntualidad británica a las 21 y tras el clásico “¡¡¡Scream for me!!!” de Dickinson, sólo que en lugar de estar acompañado por en nombre de cualquier capital del mundo, ese grito estuvo seguido de ¡¡¡Córdoba!!! En rigor, dos minutos antes, los parlantes preanunciaron todo con el tema Doctor Doctor, de los también británicos UFO.
El comienzo fue con If eternity should fail y Speed of light, también temas de la apertura de "The book of souls", el disco que vinieron a presentar y que transitaron sin concesiones. Otros temas de esa obra fueron The red and the black, Death or glory, Tears of clown y el mismo The book of souls, que tuvo a Eddie, la mascota de Maiden, ataviado con motivos mayas. Y al que Dickinson le arrancó el corazón.
Obvio, los clásicos de los ‘80, la era dorada de Maiden, provocaron los mayores sacudones. Arrancaron lágrimas, incluso. Momentos así se vivieron con Children of the damned, Powerslave (con Dickinson enmascarado como el luchador mejicano Blue Demon), Hallowed be thy name y The trooper, con el vocalista flameando la bandera del Reino Unido, gesto que siempre cae antipático por Argentina y que no fue la excepción en este histórico debut cordobés. Los silbidos y la reacción "¡Argentina, Argentina! quedaron tapados por el sonido atronador; así, quedó flotando la sensación de "aquí no ha pasado nada". Iron Maiden (el tema de aquel primer disco de 1980), The number of the beast y el monumental Wasted years (estos dos últimos llegaron como bises), redondearon la batería de himnos.
La lista dejó lugar para temas en el medio de ese ayer glorioso y este presente respetable: Fear of the dark (1992) y Blood brothers (2000), cuyos primeros acordes sonaron sobre la ovación que despertó la frase de Dickinson cuando dijo que “Iron Maiden forma una familia con los fans de todo el mundo, sin distinciones”. Otro de los grandes textuales de Dickinson en la noche se dio con The book of souls, cuando destacó los misterios en torno a la cultura maya y fustigó el modo en que se manifiestan los "imperios" contemporáneos. 
¿El sonido? Fuerte y claro, como debe ser. ¿La puesta? Apoteótica, con motivos conceptuales de pantalla gigante para cada tema, que se fueron corriendo a modo de telones gigantescos. ¿Ellos? Tremendos. Harris conmovió al ametrallar con su Fender Precision y Dickinson materializó una vez más el milagro de conciliar prueba de atletismo y perfomance vocal insuperable. Los guitarristas, excelsos: se alternaron sus respectivos protagonismos e imprimieron fulgor sinfónico al asunto. Por supuesto, rockearon muy duro cuando los temas entraron en la fase "cabalgata", tan característica en las composiciones de Maiden. ¿El público? Más estupefacto que desbordado de pasión, con mayoría de la siempre leal feligresía heavy y minoría de amantes de la música conscientes de que la cita era ineludible.
Pero no todo se basó en Maiden desde la tarde, ya que la oferta tuvo a los locales Pésame a la altura de las circunstancias (a pesar de que los mandaron al muere con el sonido) y a los thrashers neoyorquinos de Anthrax agitando su propio mito con Caught in a mosh y Antisocial, mediante un set de 40 minutos. El guitarrista Scott Ian recordó que era la segunda vez de su banda en Córdoba (la primera había sido en Cosquín Rock) y puso al tanto a la multitud de la edición del más reciente For all kings, del que tocaron Breathing lightning.
En el medio, actuó The Raven Age, la banda entre alternativa y nü metal de George Harris, hijo del jefe Steve, quien anoche llegó a los 60 y lo festejó en el Kempes con 20 mil metaleros argentinos. Fue un feliz cumpleaños para todos. 



















Fuente: La Voz